desde chica fui consciente de que la vida no terminaba ni en el reino vegetal, ni animal, ni en todos los reinos que una vez habían sido estudiados avidamente en las clases de biología o ciencias naturales. la piedras, los minerales, la arena se presentaban ante mi como misteriosos seres, que nos transmitían en voz baja secretos de una milenaria experiencia.
en mi lógica de niña era inaceptable que varios otros reinos quedaran excluidos de los ambitos de la vida, así como también del “ser”… inexplicablemente quienes únicamente recobraban aliento en los cuentos o películas de “fantasía” merecían un reconocimiento y hace poco aprendí como devolvérselo gracias a un sabio consejo.
hoy agarré a todos los caracoles y piedras del mar que había recolectado en viajes anteriores, y también un coral que hacía mucho tiempo estaba pobrecito en una cómoda en mi cuarto. los puse en una bandejita de plástico con sal gruesa en una ventana y fue increible. de pronto burbujas de oxígeno se peliaban por llegar primeras a la superficie y el agua con tal movimiento se comenzó a mover lentamente en círculo formando una leve corriente. sinceramente se sentía la alegría que se manifestaba en dicha experiencia.
también probé lavar en agua fría a una piedra muy querida y dejalarla luego descanzar al sol. el brillo que tuvo después es indescriptible.
es cuestión de probar, si tienen a una piedra amiga pruebenlo porque es hermoso
y por supuesto sabrán agradecerles.






